
Dan Keys quiere subir muy alto –en un sentido real y figurado–. Es decir, como ingeniero y también como piloto que remonta el vuelo en su tiempo libre.
Tras concluir sus estudios de Ingeniería Mecánica, Dan Keys puso en marcha su carrera profesional en Freudenberg-NOK Sealing Technologies, concretamente en la División Oil Seals Powertrain & Driveline, en Cleveland, estado federal estadounidense de Georgia. Al poco tiempo allí fue nombrado Manager Digitalization and Advanced Manufacturing. Keys controla las actividades mundiales de su división relacionadas con el desarrollo e implementación de tecnologías de producción modernas. Esto engloba, entre otros, la interconexión de las fábricas, la digitalización, la administración de datos, la automatización y la inteligencia empresarial.
Durante la búsqueda de una vivienda en Georgia, Keys encontró un piso fuera de lo común en el hangar de un aeródromo privado. “Es la guarida perfecta”, dice y recalca que hay sitio suficiente para aparcar y trabajar en aviones.
Por aquel entonces, Keys no estaba interesado en aviación, solo lo consideraba un medio de transporte. Pero esto cambió. Todo el tiempo tenía delante de sus ojos aviones, pistas de despegue y aterrizaje y pilotos, así que en el 2015 Keys empezó a tomar clases de vuelo. Unos cuantos años después obtuvo su licencia de piloto.

Entretanto ya es copropietario de un Cessna 172. El clásico cuatro plazas del año 1974 lo mantiene ocupado y le gusta utilizarlo para visitar a su familia en otros estados federales. Keys bautizó el avión azul y blanco con el nombre de Bonnie.
“Volar es una afición fantástica y bastante práctica también”, dice Keys. “Los viajes de fin de semana se pueden organizar mucho más fácilmente desde que tengo la pista de aterrizaje en mi propio patio. Además es muy divertido sobre todo cuando me pueden acompañar familiares y amigos. Aunque algunos de mis compañeros europeos al principio estaban dudosos, mostraban su emoción en cuanto se encontraban en el aire”.
La fascinación de Keys por la aviación se llevó un chasco en 2020 cuando un conductor ebrio chocó contra su hangar, produciendo daños importantes al inmueble y al avión. Incluso entonces Keys fue una muestra viviente del dicho: ¡no hay medalla sin reverso! Key no solo reparó el avión sino que lo reequipó. Un mecánico de mantenimiento de aviones y motopropulsores certificado por el Organismo Federal de la Aviación de EE UU supervisó los trabajos, mientras Keys montaba un motor más potente y un tablero de instrumentos moderno, además de renovar el equipamiento del habitáculo.
Como ingeniero ha descubierto muchas cosas que se utilizan tanto en su avión como en su trabajo diario. Esto es válido especialmente para redundancias en elementos de seguridad, redes de comunicación y análisis de datos. “El avión tiene más de 40 sensores que emiten seis puntos de datos por segundo”, explica Keys. “Las redes de bus de campo son muy similares a los mandos industriales. Yo me baso en los mismos procedimientos y procesos con los que es posible analizar los datos de nuestra empresa. De este modo puedo valorar mejor los puntos de datos tras un vuelo y realizar los trabajos de mantenimiento en mi Cessna previsoriamente”.
Está claro que para Keys la fascinación por la aviación es algo más que una simple afición. Pasó a ser rápidamente una pasión, y puede imaginarse un montón de proyectos y viajes por el mundo en los años venideros. “Las posibilidades no tienen límite”.