
La sede de Freudenberg Sealing Technologies en Reichelsheim (Alemania) está rodeada por las montañas de la selva de Oden. Si alguien desea ir al trabajo en bicicleta, cuidando de esta forma el medio ambiente, tiene que darle fuerte a los pedales –o hacerse de una bicicleta eléctrica–.
Hace tiempo que los colaboradores pueden aparcar su “bici” de manera segura y protegida contra el mal tiempo en una zona vallada. Desde hace poco además pueden cargar el acumulador de su bicicleta eléctrica mientras están en el trabajo: para disponer de energía suficiente al acabar la jornada.
Thomas Eisenhauer, director de Service Elektro, ha puesto en servicio una taquilla de carga con nueve estaciones por encargo de los responsables de esta sede. Entre otros, contó con la ayuda de los colaboradores del taller de forja, los cuales construyeron para la taquilla una carcasa y una cubierta de aluminio para protegerla contra salpicaduras.
Cada estación de carga se encuentra localizada en su propia casilla; en su interior se colocan el acumulador y el cargador, que se conecta a un tomacorriente con puesta a tierra y tapa protectora. Las casillas se pueden cerrar con un candado. Por cierto, justo al lado de la “estación de servicio para bicicletas”, se han reservado cuatro plazas de aparcamiento para cargar vehículos eléctricos. Desde hace algunos años, dos estaciones de carga eléctrica suministran corriente aquí para facilitar el traslado al centro de trabajo de forma sostenible.
Si el tiempo ayuda, también Thomas Eisenhauer va al trabajo en bicicleta –totalmente de forma tradicional, sin el respaldo de un motor eléctrico–. Su fuerza muscular ya lo ha llevado más allá de los Alpes, montado sobre el sillín de su bicicleta. Por ello, las montañas alrededor de Reichelsheim no le asustan para nada.